Se encuentra al pie del brusco escalón de la sierra brava de BadaIa en su descenso hacia el río BaIas. Nunca destacó por su riqueza ni por su población. Esta escasez de recursos viene arrastrándose desde la edad media. Su parroquia dedicada a San Juan Evangelista, se mantuvo únicamente con lo imprescindible. Solo a finales del siglo XIX se pudieron iniciar trabajos de reconstrucción y la adquisición de su retablo mayor que era un altar lateral retirado de la parroquia de San Pedro de Vitoria.
En 1590 vivían en Urbina-Eza ocho vecinos, en 1786 contaba con 47 habitantes entre ellos un estudiante de gramática y dos tejedores. A principios del siglo XX la población era de 31 habitantes, siendo esta de 16 habitantes según el último padrón.